Casa Parr - Pezo von Ellrichshausen
Esta es, a la vez, una casa enorme y pequeña. No tiene salones extensos pero sà un montón de piezas que se repiten y algunas funciones que se duplican de acuerdo a la tradición chilena de casa de campo. Ocupa una pequeña quinta donde, hasta hace poco, estaba la antigua casona donde su actual propietario pasó su infancia. Es un lugar cargado de recuerdos. Casi como testigo de estos recuerdos ha quedado una abundante miscelánea de árboles frutales (desde cerezos a nogales) y árboles nativos (desde palmas a araucarias).
Más allá del sitio no hay mucho, al menos nada que sea visualmente atractivo. Por lo tanto, el programa se extiende horizontalmente para, además de recorrer la profundidad de estos jardines arbolados, conquistar cierta introspección interior e invisibilidad de su presencia exterior.
La estructura irregular, y algo laberĂntica, junto con establecer una serie de variaciones que responden al tamaño y proximidad entre las habitaciones, contiene nueve patios abiertos al cielo. Algo asĂ como nueve claros que ayudan a controlar la densidad de la planta. El suelo no tiene desniveles. Si la holgura de algunos recintos se conseguirĂa elevando sus cielos a una altura equivalente a dos pisos, esto no debĂa arrojar sombra sobre los patios. Para ello se proponen dos inclinaciones: la de los techos, que siempre desciende hacia los patios (dejando sĂłlo la sombra que proyecta la altura del muro) y la de los cielos, cuyo vĂ©rtice recortado por la luz natural se centra en funciĂłn del mobiliario de cada recinto.
El peso de un manto de tejas (que en algo evoca el de la antigua casona de madera) cae desde estos catorce prismas truncados. El que sean pequeños trozos de metal es la única manera de eliminar las costuras de sus aristas (como si de un collage de Burri se tratara) y con ello reparar en la naturaleza a la vez industrial y artesanal que encarnan sus superficies.
Obra: Casa Parr
Más allá del sitio no hay mucho, al menos nada que sea visualmente atractivo. Por lo tanto, el programa se extiende horizontalmente para, además de recorrer la profundidad de estos jardines arbolados, conquistar cierta introspección interior e invisibilidad de su presencia exterior.
La estructura irregular, y algo laberĂntica, junto con establecer una serie de variaciones que responden al tamaño y proximidad entre las habitaciones, contiene nueve patios abiertos al cielo. Algo asĂ como nueve claros que ayudan a controlar la densidad de la planta. El suelo no tiene desniveles. Si la holgura de algunos recintos se conseguirĂa elevando sus cielos a una altura equivalente a dos pisos, esto no debĂa arrojar sombra sobre los patios. Para ello se proponen dos inclinaciones: la de los techos, que siempre desciende hacia los patios (dejando sĂłlo la sombra que proyecta la altura del muro) y la de los cielos, cuyo vĂ©rtice recortado por la luz natural se centra en funciĂłn del mobiliario de cada recinto.
El peso de un manto de tejas (que en algo evoca el de la antigua casona de madera) cae desde estos catorce prismas truncados. El que sean pequeños trozos de metal es la única manera de eliminar las costuras de sus aristas (como si de un collage de Burri se tratara) y con ello reparar en la naturaleza a la vez industrial y artesanal que encarnan sus superficies.
Obra: Casa Parr
Arquitectos: Pezo von Ellrichshausen - Mauricio Pezo, SofĂa von Ellrichshausen
UbicaciĂłn: Calle Galvarino nÂş 1983, Chiguayante, Chile
Año proyecto: 2006
Año construcción: 2007-2008
Superficie terreno: 2.835 m2
Superficie construida: 532 m2
Maquetas: Juan Mellado, Carolina Merino, MarĂa Paz Palma
IngenierĂa estructural: Claudio SepĂşlveda
ConstrucciĂłn: Claudio Bravo
InstalaciĂłn sanitaria: Marcelo Valenzuela
Instalación eléctrica: Juan Aroca
CalefacciĂłn: Mauricio Comas
Sistema constructivo: AlbañilerĂa reforzada, losas hormigĂłn armado, envigados de madera
FotografĂa obra: CristĂłbal Palma
Fotos modelos: Ana Crovetto
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