lunes, 5 de enero de 2009

Tecnohaus se complace en anunciar que a partir de hoy publicaremos periodicamente obras relacionadas con la Vivienda Colectiva.
¡Esperamos que la informacion les sea de mucha utilidad!


La vivienda colectiva, en una nueva etapa evolutiva, busca nuevos tipos edilicios adaptados a la expectativa de un mercado en cambio.


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La producción de vivienda en propiedad horizontal tiene características propias. Quizá ningún otro programa de arquitectura se encuentre tan determinado por el sitio, las regulaciones de edificación, la ecuación económica del proyecto, y las características que el mercado demanda para los departamentos.
Es un tema circunstanciado por la escasez: de espacio, de dinero, de libertad programática. En esta situación el margen de maniobra del arquitecto queda limitado a una razonabilidad extrema, en la que no caben exhibicionismos ni gestos ampulosos, y sólo en contadas ocasiones "partidos" novedosos.
Quizá también por eso, los edificios de vivienda colectiva pocas veces son los preferidos de la crónica, aún cuando todos sabemos que cuantitativamente son tanto o más importantes que las viviendas individuales o los edificios públicos, temas siempre más proclives a permitir al proyectista la originalidad, cuando no el alegato o el manifiesto visual. Quién no querría hacer un museo o una biblioteca !... y porqué no una asamblea?
En cambio el tenso equilibrio que demanda el edificio de propiedad horizontal (y me refiero en especial a aquél producido en las condiciones del mercado) obliga al arquitecto a soluciones tipológicas y a una fachada que en general es irremediablemente plana. Son proyectos donde los partidos posibles están naturalmente limitados por estas circunstancias a un número finito que el proyectista experimentado ya conoce de antemano.

Sin embargo hay períodos en la historia, en los que diversos cambios en las condiciones de producción de la vivienda plantean a la comunidad de arquitectos el desafío proyectual de encontrar nuevas soluciones a los tipos edilicios conocidos.
Uno de esos períodos había sido el que iba de 1910 a 1945. Se intentaba entonces encontrar una disposición satisfactoria para el edificio de varios pisos, donde la iluminación provista por los patios de una casa "chorizo" multiplicada en altura (el primer tipo de edificio de renta), eran ya incapaces de servir adecuadamente a los pisos inferiores. Virasoro, Vilar, Sanchez Lagos y de la Torre; Acevedo, Becú y Moreno; son algunos de los actores de ese rico período de la producción local, en que proliferaban los edificios experimentales, soluciones novedosas que se pulían progresivamente a lo largo de una búsqueda tipológica colectiva.
En 1945 esa búsqueda se detuvo para Buenos Aires, porque desde las reglamentaciones se decretó que un único modelo de edificio promovido por el municipio sería la solución universal (el edificio entre medianeras) para cualquiera de los lotes de la ciudad, modelo que estuvo vigente hasta 1977, donde fue reemplazado por formulaciones también de un carácter postulativo.
Las sucesivas modificaciones que a partir del año 81 intentan corregir las graves equivocaciones técnicas y conceptuales del Código de 1977, culminan produciendo una nueva situación (dejando el tema de las excepciones escandalosas aparte) que está mostrando que se ha iniciado un nuevo período de búsqueda o reinvención tipológica.
Es que por primera vez en muchos años la máxima explotación del terreno no supone un único volumen construido. O sea que son posibles diversas soluciones o "partidos", para un mismo aprovechamiento económico del lote. Entran a jugar entonces los factores de calidad de las unidades y su adecuación a las expectativas de la gente.

En general se ha hecho posible la utilización de alturas dobles, porque la superficie edificable (o FOT) considerada con alturas convencionales, no llega a agotar el máximo volumen construible. A esto se ha unido un interés creciente del público por las espacialidades interiores generosas, alimentado por una difusión cada vez mayor del diseño de interiores y una visión del loft neoyorkino mucho más romántica (tanto menos pragmática cuanto más cara) que la de origen.Esta nota pretende hechar un vistazo, aunque más no sea parcial, sobre esta experimentación y los caminos que va abriendo. Dejamos para otra oportunidad las conclusiones a las que el proceso ya esta arribando, como la concurrencia de muchas proyectos hacia la definición de nuevos tipos edilicios de vivienda mínima.Este es en todo caso, más bien un vistazo sobre la variación, sobre lo atípico y lo nuevo.

Las esquinas primero.

La esquina fue en el anterior período de innovación tipológica y lo es ahora, el lote más codiciado que se ocupa en primer lugar. Son varias las ventajas de la esquina, tanto expresivas en cuanto la fachada plana se vuelve volumétrica al articularse en dos caras, cuanto distributivas, ya que un sencillo partido en "L" permite que todos los ambientes principales den sobre las calles. Esto último resalta en el inusual lote del edificio Nazaret III, con un desarrollo extraordinario del frente.
Las esquinas facilitan el desarrollo de una fuerte presencia urbana, que se acentúa en la medida que se exalta la expresividad volumétrica del edificio. Eso es lo que sucede en los dos edificios cordobeses, acentuado por la descomposición del edificio en varios volumenes. En el Nazaret III la identidad de estos volumenes es resaltada con sutiles diferencias en la terminación del ladrillo visto, en el edificio Laguingue por materiales contrastantes como el acero, el vidrio, la mayólica y el ladrillo. En ambos, las fachadas como tema de diseño quedan subordinadas a una composición centrada en una serie de volumenes adicionados.
En este punto los dos planteos ceden a la tentación del edificio volumétrico y singular, generosa en cuanto a las posibilidades de caracterización del edificio, pero menos proclive a su integración en la disciplina urbana de la manzana. Una condición que en entornos urbanos homogéneos puede resultar una virtud, pero que en entornos desarticulados puede alimentar el desorden visual.El edificio Oroño ocupa su esquina con una volumetría prismática emergente del contorno del lote, sus referencias volumétricas se expresan en cambio a través del tratamiento de la superficie de las fachadas, que lo muestran como la superposición de fragmentos de edificios distintos, que crean a su vez vínculos con los diferentes edificios que lo rodean.

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La búsqueda del carácter.

El carácter del edificio es una cierta fisonomía, un rasgo que lo individualiza y le da una identidad. Esta identidad tiene que ver a veces con cuestiones estilísticas, otras con un contraste con los edificios vecinos. En el Laguingue todo es contraste, en el Nazaret III, la composición es el resultado de una elaboración de las condiciones del sitio y de la suave curva de "la cañada".
También en el caso del edificio Bonifacio y el de Arribeños 1334, esa identidad aparece como una respuesta a un hecho contextual. Como un compromiso particular con el sitio y el emplazamiento. En el de Bonifacio 1356 como una inflexión de la fachada, que se curva ante la presencia de un árbol. En el caso del edificio Arribeños, por una propuesta semiexenta cuya implantación da remate a la edificación continua de la cuadra, situación que en parte se traslada a la geometría del edificio.
Coincidentemente, son estos dos proyectos los que comparten una estética minimalista, de superficies continuas dominadas por un único material. Es que así como el high-tech es la estética conservadora que adoptan las corporaciones y las grandes instituciones en Europa, el estilo del modernismo es en nuestro medio la estética más segura, preferida para un programa donde los promotores no desean arriesgarse en aventuras lingüísticas. Con un tono más informal el edificio de Guatemala se mueve con igual prudencia, con una estética evocativa de los 60.
La otra estética juzgada comercialmente segura es el pintoresco. A él se aproxima el edificio Townhouse 11, más por los colores y los detalles elegidos, que por la rigurosa composición simétrica de la fachada.
En general parecen más aventurados los edificios del interior. Los cordobeses con un lenguaje que no disimula su condición post-moderna. El edificio rosarino con una búsqueda comprometida en el tratamiento intenso de las fachadas, que por momentos muestra interesantes sutilezas.

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La nostalgia de la casa.

El departamento es por naturaleza una especie nostálgica de aquella relación con la tierra y la calle que establecía la casa. El auto en la vereda, el patio donde comer en verano, el pequeño jardín, y una serie de instancias espaciales que resguardan la privacidad creando un gradiente desde la vereda hasta la sala, que permite múltiples ámbitos para las relaciones personales, de menor o mayor confianza. Y finalmente lo principal: la identidad de la casa, aquello con lo que llega a identificarse la idea misma de familia.
En el edificio de vivienda colectiva esto queda irremediablemente reducido a una serie de paliativos. Aquí la fachada común debe representar la casa de cada uno, el hall de acceso servir de único valor representativo de la "categoría" del edificio, y los ascensores y palieres de espacios sociales sui generis. Después sólo queda la delgada lámina de la puerta placa como abrupto salto entre el exterior y la intimidad familiar. Poco puede trascender hacia afuera de la identidad de sus habitantes, que se esfuerzan por plasmarla en el estrecho ámbito del "palier privado". La fachada del edificio, signada por ventanas iguales y pisos repetitivos, no deja lugar para saber dónde se vive.Los espacios exteriores son balcones, o a veces el codiciado "balcón-terraza", inevitablemente techado por el del piso superior.Estos temas están presentes en el edificio Salguero, acercando el auto a una cochera-patio que está en cada departamento, que a la vez está planteado en dos plantas (otro rasgo de casa). Como coronamiento hay dos triplex, cada uno con su pileta de natación (suspendidas en el aire!).
También están presentes en el edificio Laguingue, coronado con su pent-house con terrazas exteriores y una fuerte identidad plástica que permite decir: esa es mi casa. Reaparece en las terrazas del edificio Townhouse 11, y de distinta manera, en los recorridos exteriores del edificio edificio de la calle Guatemala. Ambos comparten en el diseño de sus lugares comunes un ambiente de veraneo, de los edificios de la costa donde, ya se sabe, las mismas personas aceptarán una mayor sociabilidad.
En el edificio de Arribeños 1334 las referencias a la casa aparecen en la entrada de los automóviles y los equipamientos comunes. En el edificio Oroño están presentes en un tratamiento de fachadas que identifica los departamentos interiores.

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En todos, en definitiva, está presente una nostalgia que parece impulsar este proceso de búsqueda: el reencuentro con la casa perdida, con ambientes espaciosos, con el hogar a leña, la parrilla, la terraza o el patio, el coche en la puerta y al sol. Una condición que se superpone a la necesidad de crear una calle y un barrio congruentes, a que el entorno del departamento-casa sea una buena razón para elegir la ciudad. A esto están contribuyendo, sin duda mucho más, estos pequeños edificios de propiedad horizontal que las grandes torres exentas que constituyen su modelo alternativo.

Edificio Salguero.
Autores: Víctor Feingold, arq. Codirección: Guillermo Sambresqui, ing. Colaboradores: Claudio Doro, Martín Aldanondo. Ubicación: Salguero 1575, Buenos Aires. Superficie: 2.000 m2. Año: 1994
Se trata de un edificio netamente experimental. Los autos son elevados por un montacargas hasta cada departamento y se estacionan en un patio elevado. Esta original resolución en parte se hace posible porque el terreno tiene doble frente, sobre las calles Soler y Salguero, y porque la disposición en duplex de los departamentos disminuye las paradas necesarias.

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Edificio Nazaret III.
Gramática / Guerrero / Morini / Pisani / Urtubey, arqs. Ubicación: M. T. de Alvear y Laprida, Ciudad de Córdoba. Superficie del terreno: 518 m2, construida: 4627 m2. Año: 1994
El programa exigía departamentos de uno y dos dormitorios. Intención explícita del comitente fue utilizar la técnica consolidada de edificios integralmente en ladrillo visto, pero con necesidad de una fuerte identificación visual. El coronamiento se aprovechó para lograr tres unidades atípicas: dos lofts y "duplex", con cubiertas metálicas que le dan su perfil singular al edificio. Aunque una planta tipo redunda en la economía, se buscó evitar la traslación en vertical de una misma planta. Esta variación se basa en pequeñas alteraciones en (extensiones de estares, agregado de balcones) que en grandes libertades formales.

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Edificio Laguingue.
Leopoldo Laguingue arq., Benjamín Halac, ing. Colaborador: Claudio López, arq. Ubicación: Trejo y F. Rivera, Ciudad de Córdoba. Superficie cubierta: 950 m2. Año: 1994
El programa consiste en un zócalo comercial en planta baja, seis pisos de departamentos de un dormitorio con ambientes flexibles, y un penthouse de dos dormitorios en el séptimo piso. El edificio proyectado como una torre plateada, una torre roja y una casa azul.

Edificio Oroño.
Autores: Tomás Antonio Ciccero y Marcelo Juan Dellacasa, arqs. Colaborador: Rubén Gazzera, arq. Ubicación: Blv. Oroño esq. Brown, Rosario. Año: 1994
El edificio se compone de departamentos de dos y tres dormitorios de distinto tipo: algunos se estructuran en "dúpelx", otros como pisos. Todos se encastran en un patrón complejo que es reproducido por el tratamiento plástico de las fachadas.

Edificio Arribeños.
Autores: Mabel Parodi, Nora Quiñones, Adriana Gardonio, Ubicación: Arribeños 1334, Buenos Aires. Superficie del terreno: 1900 m2, cubierta: 3.800 m2. Año: 1994
Varios semipisos de generosas dimensiones y holgado presupuesto ubicados en la frontera entre una zona de casas y la de las torres del Belgrano residencial. El edificio muestra la manera de competir ventajosamente con el esquema de la torre, pues los departamentos se integran a la escala, las vistas y el entorno singular de las casas sin desnaturalizarlo, y apropiándose de esa atmósfera privilegiada para sus departamentos.

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Edificio Bonifacio.
Autores: Bilik - Díaz - Fuentes , arqs. / Patricia Rodríguez, arq. Ubicación: Bonifacio 1358 , Buenos Aires. Superficie construida: 3.200 m2. Año: 1994
En un amplio terreno "doble", el edificio se organiza en un cuerpo sobre la calle que alberga las recepciones, y otro sobre el contrafrente con los dormitorios. Los semipisos son de tres dormitorios con habitación de servicio. Los estares tienen la particular ventaja que sea su lado mayor el que está en contacto con el frente, así como los amplios balcones-terraza arqueados sobre el árbol que da su carácter al edificio.

Edificio Guatemala.
Autores: Ricardo Benadon, Carlos Berdichevsky, Rubén Cherny, arqs. Colaboradores: Gustavo Robinsohn, Juan José Sánchez, Sebastián Koltan, arqs. y Mariana Efron. Ubicación: Guatemala 4590, Buenos Aires. Superficie terreno: 700 m2, construida: 1.300 m2. Año: 1994
El edificio se compone de dos cuerpos separados por un patio en el que se desarrollan las escaleras. El cuerpo anterior deja libre su planta baja para dar lugar a algunas cocheras. El cuerpo posterior tiene una serie de departamentos en dos plantas, para los que el patio oficia de frente. El retiro de frente a partir del primer piso, simultáneamente relaciona la geometría del edificio a la de la calle, y cede una terraza para el departamento del primer piso.

Edificio TownHouse 11.
Autores: Abel Trybiarz, Gerardo Waisman, arqs. Colaborador: Mariana Lehrer, arq. Ubicación: Arribeños 3366, Buenos Aires. Superficie del terreno: 820 m2, cubierta: 2.100 m2. Año: 1994
El edificio contiene 18 cocheras en la planta baja y una serie de departamentos en cinco plantas altas. Los que dan sobre el frente cuentan con terrazas exteriores, mientras los del contrafrente tienen balcones. Estos últimos son de dos dormitorios desarrollados en una planta. En el frente se alternan los departamentos en una planta y los "duplex" con alturas dobles. En los dos últimos niveles ambos frentes sirven a un mismo par de "duplex".

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FUENTE: SUMMA+

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